Aquí Raúl.
A modo de resumen, y para quien pueda interesar, comentaré un poco mis sensaciones la mañana del Lunes en A Coruña.
#elpollo, un compañero y un servidor nos dirigimos al Obelisco a esperar la llegada de Esperanza Aguirre. Nos acabábamos de enterar de que iba a estar en la ciudad para participar en una comida/mitin en el Hotel Riazor, así que nos pareció una buena idea ir a mostrarle nuestra simpatía, aunque fuéramos pocos por lo apresurado del plan. Por el camino, nos enteramos también de que un rato antes había empezado otro mitin de Rubalcaba en el centro comercial “Espacio Coruña”. Luego resultó que no, que era en el Palexco. Fíjate tú! muy cerquita de donde estábamos esperando a la-mujer-que-no-puede-llegar-a-fin-de-mes. Me imagino que el pobre Paco Vazquez tuvo que sentirse muy frustrado al tener que compartir acto con el perdedor, en lugar de con sus verdaderos amigos, los de azul. Si nos hubiésemos enterado antes, si las horas acompañasen… también nos hubiese gustado ir con #elpollo a recibir como se merece al señor Rubalcaba.
La hora de llegada de la presidentísima era las 13:15h, pero la magnífica señora se demoró media hora sobre el plan inicial. En ese tiempo, los periodistas y demás personalidades cercanas al partido se mostraron sorprendidas por nuestra presencia y nos vinieron a hablar. Entre ellos un profesor de la universidad de A Coruña que, en un aparente buen rollo, nos vino a recriminar que no estuviésemos haciendo compañía a, como él dijo, “vuestro amigo Rubalcaba”. Este tipo de reproche fue algo bastante habitual y en varias ocasiones nos llamaron “amigos de ZP”, “socialistas” y cosas por el estilo. La cabeza no da pa más a algunos, supongo, ni la capacidad de crítica.
El caso es que allí nos encontramos con Sarita y empezamos a escribir unas pancartas cagando leches, más mal que bien, como habreis visto. Los periodistas empezaron a preguntarnos si íbamos a hacer algo. Todo esto fue bastante improvisado, así que no había un plan concreto. De todas formas, el pollo parecía sentirse muy seguro de la situación y sin aparentes agobios.
Así que llega Esperanza, sale del coche, y mientras los periodistas corren a hacer la foto, y la gente empieza a hablar, nosotros nos acercamos en silencio y con las pancartas. Desde el principio nos vio y exhibió hacia nosotros una actitud de confrontación (cosa que, en cierto modo, no me extraña) y sus guardaespaldas y simpatizantes hicieron lo posible para intentar arrojarnos hacia el cesped del Obelisco, echándonos a un lado. En ese momento, Esperanza empezó a recriminar a Sara, con ese tono de superioridad y sonrisilla cínica, que “no te pongas a caminar por el jardin, que lo vas a estropear, vete de ahí”, ante lo cual Sara le espetó: “señora, yo no estoy pisando el jardín, y dígale a esta gente que me dejen de empujar”. Esperanza, claro, continuó diciendo que “claro que lo estás pisando”.
Y es que la mujer no se amilanó nada. Como me dijo después un colega: “Es que esta es una super mujer, que se os va encarar y aún va a salir fortalecida” y, en cierto modo, no le faltó razón. Como dije, no dejó de tener una actitud violenta y empezó a decirnos que sólo estábamos allí por la foto así que, ya que queríamos una foto, una foto nos haríamos. Acto seguido, nos pilló en un renuncio y rodeados y se sacó una foto con nosotros dos. Puro cinismo.
Antes de irse del Obelisco se puso a hablar con #elpollo, que le dijo a Esperanza que estaba muy preocupado tanto por la sanidad como por la educación, a sabiendas de las políticas que actualmente está llevando a cabo la comunidad de Madrid en estas materias. Esperanza le contestó que ella abre “una escuela pública cada semana”, cifra que, según la lógica, se debería de elevar a 48 nuevas escuelas al año. Una cantidad un tanto elevada para la comunidad de Madrid. El pollo le dijo a Espe que la manera en que había entonado la frase le había recordado a “una, grande y libre”, y ésta le contestó: “eso es lo que tú quisieras”. Tras un par de tira y aflojas más, Espe se da la vuelta y empieza a caminar con toda su cohorte. Entonces, empezamos el largo paseo hasta el Hotel Riazor, pasando por todos los cantones y la Plaza de Lugo.
En todo momento no dejamos de caminar con ella, lo que nos hizo llevarnos unos cuantos avisos, empujones y comentarios de sus simpatizantes. No puedo dejar de comentar las lindezas de su “bodyguard” que acababa de llegar. El segurata, en una actitud perdona vidas, nos dijo que no les molestaba que les siguiésemos, pero que no nos acercásemos tanto a ella, y, en otro momento, me espetó a mi: “procura tener cuidado con esa pancarta, no vayamos a tener un problema”.Le recordamos que la calle es de todos y, de elegir preferencias, debería de tener más preferencia en transitarla un residente de la ciudad que no una mujer que no paga impuestos en esta comunidad autónoma.
Justo llegando a la librería Arenas, Antonio Eiras, Carlos Negreira y Espe se paran a contemplar un bajo con un poster acerca de una promoción de viviendas y chalets en Mera, ante lo cual se escucha “Ahí, ahí, al ladrillo, que es lo que os gusta, el ladrillo”, que hace que Negreira nos eche una mirada inquisidora. Seguimos el recorrido y, durante todo el trayecto, Esperanza saluda y habla con algunas mujeres que se la encuentran y que, sorprendidas y encantadas, le expresan su admiración.
Tras llegar casi a la Plaza de Lugo, Esperanza y su cohorte deciden entrar en Zara para comprar unas prendas. “Muy bien, pan y circo, pan y circo, a dar dinero al dueño de la ciudad! Al que se hizo rico a base de economía sumergida y explotación laboral de señoras en su casa y viejas de la costa!” se vuelve a escuchar. Los militantes se ríen entre ellos, yo no sé de qué, y luego me aventuro a pensar que los votantes del PP, cuando vean esto en los medios dirán: “mírala a ella, qué austera, con su sueldo podría comprar en sitios de altos precios y compra en Zara: como nosotros!”. Y estarán todos contentos, claro.
Mientras la presidenta está en Zara, acompañada de periodistas y simpatizantes, nosotros esperamos fuera e intercambiamos algunas frases con las personas que se aglutinan alrededor. “Estoy estudiando mi segunda carrera, así que a ver si cerramos la boca” puedo escuchar a un compañero que recrimina a uno de los-hombres-de-Espe que le decía a otro “Estos es que son unos vagos, y no tienen nada mejor que hacer”. Como Espe, esta gente también es aficionada a llamar vagos a la gente del mundo de la educación (Un saludo desde aquí a la marea verde).
En esto que salen los periodistas, partiéndose el culo ante el esperpéntico espectáculo de la presidenta -“Muy bien, la presidenta de una comunidad autónoma, de visita en otra comunidad en día laboral. Y esto, está dentro del sueldo también?” dice uno de mis compañeros- y escuchamos como una periodista, entre risas, le dice a algunos compañeros que ya tiene una foto de los pantalones que se compró y el precio. Pan y circo.
Llegamos a la Plaza de Lugo y nos encontramos a Ney el famoso perro de la encantadora dueña de la floristería de la plaza. Ney es un perro famoso por ser cariñoso y jugar con los niños y todas esas cosas. En fín, que la peña le adora (y no me extraña). La dueña aparece con él, saluda a Esperanza, e intercambian piropos: que si “qué perro más guapo tienes”, que si “tenía ganas de conocerla”, etc. Claro, los periodistas, corriendo a hacer la foto de Espe con el perro (aunque luego no haya recibido cobertura mediática el suceso) y Carlos Negreira no tarda en comentarle a la presidenta que “tenemos que hacerle una estatua a este perro, que la gente lo quiere mucho”. La dueña, me imagino, estará contenta, porque esta era una reivindicación que, desde hace tiempo, viene solicitando. Como el famoso perro japones que también tiene una estatua. Sólo que la hazaña del japo es más digna de mención.
Antes de salir de la Plaza de Lugo vemos como una mujer de las cercanas a Espe le señala el escaparate de una tienda de ropa cara, y le dice: “mira, mira, qué preciosidad: es monísimo”. Espe asiente sonriendo. Negreira asiente sonriendo. La cohorte entera asiente sonriendo. Se sonríe mucho hoy aquí. Todo es una constante sonrisa. Todo está bien. Pasear por A Coruña es lo más reconfortante del mundo. Todos se sienten realizados acompañando a nuestra Thatcher nacional.
Llegamos a la Plaza de Pontevedra. La gente desde el autobús flipa con la situación: gente y gente rodeando y siguiendo a la presidenta, y nosotros entre ellos, con nuestras pancartas. Y detrás, casi al fondo: el pollo. Detrás? Sí. El pollo no ha podido caminar a la misma distancia de Espe que nosotros (o sea, al lado o casi al lado) durante el paseo. Lo intentó, un par de veces de hecho, pero los empujones, y las amenazas del “bodyguard” le hicieron replanteárselo. Supuestamente, y aunque la calle es de todos, #elpollo, al ir con la cara cubierta, no podía estar tan cerca de su ilustrísima Gil de Biedma. Aún así, salió en todos los tiros de cámara, o eso creemos.
Cuando llegamos a Rubine unos niños la reconocen y se quedan mirándola, curiosos. Ella les dice: “hola!” con una sonrisa de señora-amiga-de-los-niños y, estos, tímidos, sonríen con un “hola” nervioso y se escapan. Y Espe se para de nuevo. Y todos nos paramos. Y cuando nos damos cuenta, ya hemos llegado al Hotel Riazor. Nos quedamos fuera mientras ellos entran y yo les deseo un “buen provecho” a los que nos miran sonrientes. El profesor de antes se acerca a Sara y le tiende la mano, y ella dice que lo siente, pero que no se la va a dar. A Sara estas cosas le afectan lo suficiente como para no poder actuar hipócritamente. Una señora la mira y le dice: “qué democrática!” con un desagradable rintintín perdonavidas, y el profesor se acerca a mí, esta vez, ya sin tender la mano, a decirme que gracias por mis buenos deseos y comentarme, otra vez, alguna gilipollez sobre que somos del PSOE. Ni me acuerdo.
Y ya está. Esto fue todo. Podría intentar aportar links a webs que hablen de muchas de las cosas por las cuales nos manifestamos ante la llegada de esta señora a nuestra ciudad. Intentar explicar y expresar la sensación de impotencia que sentimos en todo momento. Podría, también, intentar recordar mejor algunos diálogos que no he transcrito, explicar que decidimos ir en silencio porque éramos pocos y no queríamos una situación de mayor tensión de la que ya teníamos o lo demacrada que está Esperanza cuando la ves en persona. Pero no se me daría muy bien sacar eso a fuera. En cambio, Sara ha escrito un poco al respecto y me gustaría utilizarlo para acabar esta nota.
Nada más:
“Esperanza Aguirre no nos sorprendió. Su zafio populismo y la prepotencia de quien sabe que haga lo que haga va a tener votantes, convirtieron el paseo en algo bochornoso a ojos de cualquier persona con un mínimo de pensamiento crítico. Repito: no nos sorprende, pero uno no puede evitar sentirse dentro de una patética maqueta al ver que una señora de escasa catadura moral, demostrada en tantas ocasiones, se pasea a sus anchas por las calles de tu ciudad. Fotito con perro, saludos como si fuera Papá Noel en Navidad, visita a Zara, besitos a diestro y siniestro… Eso sí, siempre bien arropada, con el beneplácito incondicional de un séquito indolente, hipócrita y bien enseñado.”